Alba
Fragmentos para dominar el silencio
I
Las fuerzas del lenguaje son
Las damas solitarias, desoladas,
Que cantan a través de mi voz
Que escucho a …
La fábula de los ciegos
Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñ…
El casamiento engañoso
Salía del Hospital de la Resurrección, que está en Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, un soldado que, por servi…
La corrección
A las cinco, la corneta de la cárcel lanzaba en el patio su escandalosa diana, compuesta de sonidos discordantes y chillones, que re…
Entre sueños
Hace pocos días entré en una tienda de tiroleses, y como había de fijarme en otra cosa, me fijé en un reloj de …
La creación
La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando.
Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envue…
Si mis manos pudieran
(Libro de Poemas, 1921)
Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a b…
Una cena muy original
Fue durante la decimoquinta sesión anual de la Sociedad Gastronómica de Berlín cuando el presidente, Herr Prosit, hizo…
La mujer del boticario
La pequeña ciudad de B***, compuesta de dos o tres calles torcidas, duerme con sueño profundo. El aire, quieto, está ll…
El rey Yu
Un relato de la antigua China
La historia de la antigua China ofrece escasos ejemplos de monarcas y estadistas que fuesen derrocados a caus…
La muerte de Iván Ilich (Cap. 12)
A partir de ese momento empezó un aullido que no se interrumpió durante tres días, un aullido tan atroz que no era posi…
El resucitado
Los filósofos dan menos crédito a los aparecidos que a ninguna otra cosa; sí, no obstante el extraordinario hecho que v…
Un canario como regalo
El tren pasó rápidamente junto a una larga casa de piedra roja con jardín, y, en él, cuatro gruesas palmeras, a …
La Constitución Española
Pulgarcito
Érase una vez un pobre campesino que se sentaba por las noches al fogón, atizaba el fuego y la mujer le acompañaba e …
La orgía -José Zorrilla
La sombra nos cobija
Con su tapiz de duelo;
Cansado ya del cielo,
El sol se hundió en la mar.
El mund…
La señorita Julia
La señorita Julia, como la llamaban sus compañeros de oficina, llevaba más de un mes sin dormir, lo cual empezaba a dej…
El hombre del saco
Había un matrimonio que tenía tres hijas y como las tres eran buenas y trabajadoras les regalaron un anillo de oro a cada una …
Nada te turbe
El infierno artificial
Las noches en que hay luna, el sepulturero avanza por entre las tumbas con paso singularmente rígido. Va desnudo hasta la cintura y l…