Alba
El elixir de larga vida
En un suntuoso palacio de Ferrara agasajaba don Juan Belvídero una noche de invierno a un príncipe de la casa de Este. En aqu…
El poema vivo del amor
Un atardecer de primavera vi en el campo a un ciego conducido por una doncella que difundía en torno de sí nimbo de reposo. Er…
Dentro y fuera
Había una vez un hombre llamado Frederick; se dedicaba a tareas intelectuales y poseía una amplia extensión de conocimi…
Pensamientos y máximas de diferentes autores chinos
DE DIFERENTES AUTORES CHINOS
Tratad a los extranjeros con humanidad; llevad la ilustración a vuestros vecinos; imitad al talento;…
El diablo y el relojero
Vivía en la parroquia de San Bennet Funk, cerca del Mercado Real, una honesta y pobre viuda quien, después de morir su marido,…
Canción
Cada vez, cada vez que considero
Que no he de ver ya más al bien que adoro,
Suelo exclamar: «¿Por qué…
La mujer fría
Blanca, envuelta en el amplio peinador de crespón amarillo, con la cabellera ceniza y rizosa cayendo sobre los hombros desnudos, pare…
Mi amor por tí
Mi amor por ti es mucho más que amor,
es algo que se amasa día a día,
es proyectar tu sombra junto a m&iacu…
Chau número tres
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza
te d…
A buen juez, mejor testigo
- VI -
Es una tarde serena,
cuya luz tornasolada
del purpurino horizonte
blandamente se derrama.
Plácido aroma de flores
sus …
La novela de Raimundo
-¿Suponéis que no hay en mis recuerdos nada dramático, nada que despierte interés, una novela tremenda? -nos dij…
La española inglesa (1)
La leyenda de Don Juan Tenorio
Corre el tiempo, crece el día,
y el palacio en honda calma,
mudo cual cuerpo sin alma,
parece tumba vacía.
Mansi&…
El labrador que había cambiado las lindes
Un labrador, cerca de Astigarraga, poseía un caserío y muchas tierras que le daban buen dinero. Era un hombre trabajador aunqu…
Las bodas de Caná
La carta del difunto
I
Jorge y Juana se querían mucho y se querían desde muy niños. Yo no me precio de saber describir el amor, y así…
Amor
¡Amar a una mujer, sentir su aliento,
y escuchar a su lado
lo dulce y armonioso de su acento;
tener su boca a nuestr…
Poema 4
El misterio de los tres suicidas
Después de todo, siempre queda en la historia un aspecto de misterio que provoca todavía inagotables comentarios en la Coloni…
Canción de Navidad
Sí, y la columna era la suya. La cama era la suya y suya era la habitación. Pero lo mejor de todo es que el tiempo que le qued…