Alba
La primera aventura
Es asombrosa la forma en que lo vivido puede parecemos extraña e incluso cómo puede desaparecer de la cabeza. Años ente…
El jinete sin cabeza
Y el silencioso crepúsculo se arrebujaba entre la dulce meditación en que la llanura solía extasiarse. Las aves her&iac…
Tres héroes
Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dó…
Hombres necios
Redondillas
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
…
Carta a dos desconocidas
Todavía no sé cuál es tu nombre. Te siento tan mía que llamarte de algún modo sería como separarm…
La tienda de los fantasmas
Casi todo lo mejor y más valioso del universo puede comprarse por medio penique. Exceptuando, por supuesto, el sol, la luna, la…
Una rosa para Emily
El negro recibió a las damas en la puerta principal, con sus cuchicheos silbantes y sus miradas furtivas y curiosas, y luego desapa…
Historia de Abdula, el mendigo ciego
El mendigo ciego que había jurado no recibir ninguna limosna que no estuviera acompañada de una bofetada, refirió al C…
Finjamos que soy feliz
Finjamos que soy feliz,
triste pensamiento, un rato;
quizá prodréis persuadirme,
aunque yo sé lo cont…
Por qué engañan los hombres a las mujeres. Por bonitas
Cuando el Sr. Poncet terminó de hablar, la anciana señora Míguez reiteró su tesis de que el género de vi…
Te espero
Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,&…
El vampiro
Sucedió en medio de las disipaciones de un duro invierno en Londres. Apareció en diversas fiestas de los personajes má…
Al correr los años
El lugar común de la filosofía moral y de la lírica que con más insistencia aparece, es el de cómo se va …
Un cuento
I
Cuando comprendí que era indispensable escribir un cuento, que me había comprometido solemnemente con el editor, al cual deb…
El hombre pone y Dios dispone
EL HOMBRE PONE Y DIOS DISPONE o LO QUE HA DE SER EL PERIODISTA
Gran cosa dijo el primero que anunció este proverbio, hoy tan trillado…
Hay sitio para dos
Una hermosísima burguesa de la calle Saint-Honoré, de unos veinte años de edad, rolliza, regordeta, con las carnes m&aa…
Continuidad de los parques
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regr…
Lo imposible
¡Ah! esa vida de mi infancia, la gran ruta accesible en todo tiempo, sobrenaturalmente sobrio, más desinteresado que el mejor d…
El marido complaciente
Toda Francia terminó por saber que el príncipe de Bauffremmont tenía más o menos los mismos gustos del cardenal …
El retrato oval
El castillo al cual mi criado se había atrevido a entrar por la fuerza antes de permitir que, gravemente herido como estaba, pasara y…