Alba
El amar y el querer
La mujer de piedra
II
Por qué durante los catorce o quince días que llevaba de residencia en aquella población, aunque continuamente estu…
Las preocupaciones de un padre de familia
Poderoso caballero es Don Dinero
Amé dieciocho veces pero recuerdo solo tres
Para una vida de cuarenta años, pensándolo bien, no es mucho: no prueba ni inconstancia ni falta de seriedad amar dieciocho ve…
La confesión de un crimen
En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cinco y media nada más. A falta de personas fo…
A la espera de la oscuridad
Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pob…
El silencio de las sirenas
La casa encantada
El puñal
En un cajón hay un puñal.
Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, qu…
La mula y el buey
- II -
Allá en lo más hondo de la casa sonaban gemidos de hombres y mujeres. Era el triste lamentar de los padres, que no pod&…
El licenciado Vidriera
(Sección 3)
Cuando esto decía, estaba a la puerta de un boticario, y, volviéndose al dueño, le dijo:
Vues…
Un lugar limpio y bien iluminado
Era tarde y todos habían salido del café con excepción de un anciano que estaba sentado a la sombra que hacían l…
Las dos doncellas
(Sección 5)
No se había aún dormido don Rafael, esperando a su hermana, por saber lo que le había pasad…
La pensión
El hacedor del bien
Cartas de amor (27)
Mi Ramiro:
Ya hace mucho tiempo que dura nuestro enojo, y eso no puede ser. Tú te has encaprichado en que sea yo la primera en escrib…
Un superhombre
I
Enrique era un superhombre: todos sus amigos lo sabíamos de sobra.
Había leído a Nietzsche allá por el a&nti…
100 sonetos de amor
El cantero
Había una vez en el Japón un pobre hombre, simple obrero en las canteras. Su tarea era ruda, ganaba poco y no estaba content…